Manifestándoles mí mayor gratitud y deseos de un 2017, colmado en saberes y experiencias signadas por la energía e iluminación para un desarrollo personal y social desde cuatro máximas: Integración, Balance, Equilibrio y Bienestar.

Así, definir Autoestima, implica en lo personal el autoconocimiento profundo, lo cual significa identificar las propias cualidades, virtudes y destrezas, así como también las limitaciones y debilidades para luego aceptar, valorar e incrementar las primeras y reconocer con humildad las segundas; distinguiéndolas, entonces, partes constitutivas de la sabiduría en el pensar, sentir y actuar del ser humano. Tal distinción lleva a logros de realización en los contextos: personal, familiar, educativo, social, profesional y laboral.
Cabe señalar que uno de los rasgos distintivos del ser humano es la posibilidad de tener conciencia de sí mismo, en tanto, se construye la identidad personal, que permite, en principio, la capacidad de diferenciarse de los demás y establecer luego las relaciones interpersonales. Ello, en definitiva constituye el Autoconcepto, entendido como todas las percepciones y creencias que se tienen de sí, con especial énfasis en la propia valía, capacidad, fortalezas y limitaciones.
Su base radica, ciertamente, en la Autoestima, definida por Voli (1994 p.50), como “la apreciación de la propia valía e importancia y la toma de responsabilidad sobre sí y de las relaciones consigo mismo y con los demás”.
La definición anterior es muy acertada, ya que, hace hincapié sobre el propio reconocimiento por parte del individuo de su valoración como persona con sus diferencias individuales, sus habilidades, destrezas, conocimientos y limitantes, así también de la responsabilidad de sus actos y consecuencias.
Todo lo antes señalado, en el contexto del evento de la Discapacidad, conduce a un manejo congruente del mismo en los actores significantes: familia-escuela-comunidad, puesto que en la dinámica de éstos se pueden generar ambientes tanto nutritivos como de riesgo.
En tal sentido y a modo de cierre, los ambientes nutritivos favorecen una valía positiva de sí para la persona con Discapacidad, en tanto, se basan en la posibilidad de que se desarrolle plenamente, proporcionándole un clima de aceptación, valoración, seguridad y confianza. Mientras que los ambientes de riesgo, amparan una valía menguada de sí, ya que, se orientan en el juicio, la represión, la amenaza y/o la sobreprotección, conduciendo a la persona con Discapacidad a creencias y comportamientos autodestructivos que cercenan su posibilidad de autorrealización.
Referencias:
Voli, F. (1994). Autoestima para padres. Manual de reflexión y acción educativa. Madrid: Ediciones San Pablo.
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